30/1/14

De la comunicación entre padres e hijos.

Somos conscientes de la importancia que el papel de la comunicación juega en la familia, lo escuchamos y observamos en diferentes medios, lo tenemos presente constantemente, pero seguimos haciéndonos determinadas cuestiones relativas al significado del concepto "comunicación".

Cuando nos relacionamos con nuestros hijos normalmente cuidamos lo que decimos,  cómo nos dirigimos a ellos, nos centramos en el habla y pretendemos así que aprendan a escucharnos. Esto es coherente y necesario, pero desde esta posición de hablante nos olvidamos de la posición de escucha que también nuestro hijo requiere de nosotros para aprender a comunicarse.

En este sentido, sin mostrarnos como sujeto de escucha activa, obviamos darle un lugar de comprensión y validación de sus propias emociones y experiencias dificultando, incluso  negando  en ocasiones, su propia expresión, favoreciendo así un espacio complicado de comunicación, por lo menos fluida y bidireccional. 

La dificultad de ofrecer un reconocimiento y un valor a determinadas emociones (como la ira, la tristeza, la culpa, emociones dificiles de validar y expresar de una manera normalizada, sana y saludable en nosotros mismos y en nuestros hijos), supone la necesidad de buscar alternativas de expresión (desde la imposibilidad de la expresión verbal, a la explosión comportamental, como rabietas, lloros y expresiones violentas y/o agresivas de ira).

Debemos atender tanto lo que nos dicen como lo que nos muestran, favorecer un lugar de expresión emocional, de reconocimiento, seguridad y protección frente al malestar experimentado, pues en numerosas ocasiones, cuando no saben cómo expresar algo, lo demuestran a través de la conducta y esto puede llegar a desbordarnos ante la dificultad de atención. Por nuestra parte, debemos hacer el esfuerzo de reconocerlo, de favorecer su expresión y ayudarles a aprender a comunicarlo desde lo verbal, enseñarles a poner palabras a lo que sienten, favoreciendo así un espacio de diálogo sano, equilibrado, maduro y responsable.

Concluyendo, debemos tener en cuenta dos aspectos importantes a la hora de comunicarnos con nuestros hijos. Por un lado, el fomento y desarrollo por ambas partes de la expresión sana, fluida y saludable de todas las emociones y sentimientos personales, y por otro lado, la escucha activa de todos los componentes, favoreciendo así el protagonismo de todos respecto de la participación en la comunicación y en particular la experiencia y desarrollo vital de nuestros hijos en su aprendizaje y maduración personal.

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