4/2/14

10 consejos para el establecimiento de límites

 1.- Realismo. Hemos de ser conscientes de la capacidad de nuestros hijos para asumir el cumplimiento de los límites que les propongamos, acordes a su desarrollo y posibilidad de consecución.

2.- Claridad. Las normas que definamos han de ser lo suficientemente explicitas, claras y sencillas para la comprensión de las mismas.

3.- Firmeza en relación a la estabilidad y consistencia de nuestra propuesta.

4.- Flexibilidad en el establecimiento de límites, adecuándolos a la acomodación de nuestros hijos,  a la asimilación de la norma y al servicio del desarrollo de los menores.

5.- Coherencia. Consensuar entre la pareja de padres el establecimiento de límites va a ayudarnos a adquirir un compromiso al ser consecuentes con su adquisición y mantenimiento, de manera unánime por ambos progenitores o los adultos de referencia.

6.- Razonar con nuestro hijo la constitución de determinados límites y las consecuencias de su comportamiento va a otorgarle cierto protagonismo en la construcción de los mismos, ayudarle a interiorizarlos y facilitar la comprensión del compromiso adquirido.

7.- Presentación en positivo. Resultará más sencillo si establecemos las reglas del juego desde el objetivo de lo que hay que hacer, más que desde lo que resulta prohibitivo.

8.- Reconocer el esfuerzo y reforzar el comportamiento positivo, más allá de las señalizaciones de lo inadecuado, es una manera de reconvertir en positivo el aprendizaje de nuestro hijo.

9.- Validar la frustración en los momentos de dificultad, darle un lugar, reconocerla y entender que es un proceso por el que tiene que transitar para aprender y madurar.

10.- Paciencia. El mejor aprendizaje de nuestro hijo es el que adquiere observándonos, desde nuestra posición de modelos para el mismo. La paciencia nos permite acompañar con otra mirada de lo que sucede, favorece espacios de expresión a la vez que contención del propio malestar, algo que facilita el desarrollo de su autocontrol.


Recordad que vuestro hijo no es malo, simplemente muestra determinadas conductas disruptivas que tenemos que ayudarle a identificar, controlar y modificar, logrando así un mayor bienestar personal y familiar. 

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