3/2/14

Los límites en la relación paterno-filial

Muchos padres piensan que exigir y establecer normas y limites a los hijos puede suponer posibles disputas de poder y dominación, menos cariño y discusiones entre nosotros y nuestros hijos. Puede llegar a sorprender la respuesta de los mismos frente a una actuación saludable por nuestra parte como guías y orientadores.

Los niños necesitan límites y normas claras, así se sienten más seguros, es necesario que el adulto responsable sea quien defina dichas fronteras entre él y el contexto, no solo limitándole sino protegiéndole inicialmente del mundo que le rodea, frente al cual desde un inicio se muestra indefenso.

Hemos de tener presente que los límites, las reglas y las normas favorecen la comprensión y descubrimiento progresivo del mundo, la asimilación y acomodación al contexto familiar y social, además les ayuda a encuadrar un escenario saludable para su propio desarrollo.

Establecer una serie de limites también favorece la maduración del autocontrol, ayuda a tolerar y controlar la frustración. De esta manera, desde nuestra paciencia, nos definimos como modelos de protección y socialización, contenedores del malestar y favorecedores de la autorregulación, desde la contención y la nutrición afectiva y emocional.

Para ello debemos mostrarnos  seguros y firmes, desde la afectividad y la comprensión de las dificultades que puedan surgir en la apropiación de la normativa por parte del hijo, coherentes entre los padres y consensuando los límites entre los adultos de referencia para el menor, mostrándonos pacientes en su frustración y acompañando los procesos de aprendizaje y autocontrol.

Progresivamente, con el crecimiento del hijo, vamos a tener que ir flexibilizando y modificando las fronteras y límites establecidos, vamos a transitar desde la corrección educativa al diálogo, otorgándole cierto protagonismo en el establecimiento de nuevos límites, dado que tendremos que adecuar  a su desarrollo dichas pautas y de esta manera fomentar su individuación y desvinculación para favorecer su constitución como sujeto independiente con criterio propio para emanciparse y buscar su autonomía. Vamos a tener que esforzarnos por aprender a negociar y consensuar con ellos el ajuste de sus propios límites respecto de los nuestros, para alcanzar una convivencia agradable para todos.

Entendemos entonces que el progresivo cuestionamiento de la norma conforme a su maduración, de manera acompañada por el adulto, negociada y consensuada entre los padres y los hijos, ayuda a construir el mundo personal de los mismos con sus propias reglas y normas ajustadas al contexto social donde se desenvuelve, favoreciendo su desarrollo personal e individuación.

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